sábado, 9 de julio de 2011

0 9 DE JULIO POR LA DEFINITIVA INDEPENDENCIA. Por Matías Sánchez.


Se necesitaba firmeza y convicción cuando, en aquel 9 de Julio de 1816, el Congreso de Tucumán decidió romper definitivamente con la dominación imperial española, a sabiendas de la ofensiva real que le esperaba al pueblo de las Provincias Unidas del Río de la Plata, y con otro imperialismo, el inglés, rondando los puertos argentinos y seduciendo a los funcionarios cipayos, de esos que nunca faltaron en la historia argentina.
La misma convicción con la que, tiempo después, José de San Martín y Simón Bolívar liberaron a la patria grande del régimen colonial.
Se necesitaba capacidad para, después de tantos años de la dependencia en la que la oligarquía agro-ganadera había sumido a la patria, llegar a declarar la Independencia Económica, como condición necesaria para una sociedad más justa y un gobierno popular políticamente soberano, ese 9 de Julio de 1947.
La misma capacidad con la que el primer gobierno de Juan Domingo Perón emprendió la nacionalización de los más importantes servicios públicos y recursos naturales de la nación, así como la expropiación de la renta agraria, el desendeudamiento, la inversión estatal en salud y educación y la redistribución de la riqueza a más del 50% en poder de los trabajadores. Era por demás necesario, obviamente, el apoyo popular para sostener decisiones de tal magnitud y resistir la arremetida conservadora.
Convicción militante era necesaria para decirle “no” al ALCA, para romper el lazo que nos ataba al FMI, para emprender la lucha contra los oligopolios mediáticos, contra la mayor concentración de riqueza de la ya rica oligarquía sojera, contra las corporaciones financieras que especulaban con los aportes de los trabajadores, contra los apologistas del olvido y el perdón que se resistían a la acción de la justicia sobre los genocidas, contra el oscurantismo de quienes vieron en el matrimonio igualitario una “guerra contra Dios”.
Capacidad era necesaria para reducir el desempleo a un tercio y la pobreza a la mitad; para aumentar la escolaridad, reducir la brecha social, combatir la indigencia; para amortiguar los efectos de una crisis del capitalismo mundial que dejó otros países en llamas mientras en Argentina se siguen creando puestos de trabajo, se expande el consumo, la inclusión social es mayor y la industria nacional avanza a paso firme.
Apoyo popular era necesario para, después de un grave llamado de atención como el de junio de 2009 o de un golpe al corazón del pueblo como el acontecido el 27 de octubre de 2010, poder soñar con seguir reconstruyendo la patria de los humildes, la de los que sufren, la de los que esperan.
En los últimos días alguien demostró que reúne todas estas condiciones. Lo viene demostrando desde su banca en el Congreso, para los que allí la conocieron; o desde el sillón presidencial, para los que desde hace cuatro años la consagraron con el voto popular y la ven dirigir los destinos de la Patria.
Una vez más, demostró su coraje aceptando el pedido del pueblo y decidiendo someter a la voluntad colectiva su continuidad al frente del proyecto nacional y popular que gobierna este país desde el 25 de mayo de 2003. Dejó en claro sus convicciones a la hora de elegir su vicepresidente, sus senadores y sus diputados, sin ceder a presiones ni extorsiones de aquellos dirigentes enquistados en el poder que se resisten a dejar lugar a una juventud que avanza, no sólo con organización popular en las calles, sino ahora también disputando espacios de poder, allí donde se toman las decisiones.
La apuesta que Cristina hoy hace por la juventud no podría haberla hecho sin un apoyo popular que la sostenga para tomar decisiones trascendentales; sin la capacidad para gobernar un país que durante 35 años fue terreno de las corporaciones y aún sufre las consecuencias, y sin la convicción militante de que la patria justa, libre y soberana se construye con lealtad y juventud, y no con oportunistas aferrados a un aparato partidario.
Ya no van a aparecer virreyes ni revoluciones fusiladoras a intentar frenar los avances populares. Pero la reacción sigue latente: hoy el imperio cuenta con la vital herramienta de la información, en manos de vendepatrias asociados, a su vez, con los latifundistas y empresarios explotadores, y expresados políticamente por personajes nefastos y payasezcos de derecha e “izquierda”.
Por eso es que hoy, 9 de julio de 2011, la juventud reconoce esas cualidades en Cristina Fernández de Kirchner y está dispuesta a acompañarla para que la idea de la profundización, así como San Martín y Perón la llevaron a cabo soportando los embates de la reacción, se haga concreta a partir de octubre, en una mayor intervención del Estado, para lograr más salud, una mejor educación y una completa soberanía nacional, o más igualdad y libertad, que equivale exactamente a todo lo anterior.
Está claro que lo que hace falta para luchar por ello, Cristina lo tiene de sobra.

Matías Sánchez. JP Evita La Matanza.

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