miércoles, 3 de noviembre de 2010

0 Néstor Kirchner en la Historia Argentina.

Es muy difícil todavía asumir lo que significa para el país la muerte de su máximo referente político en lo que va del siglo XXI. Difícil es también vislumbrar qué consecuencias traerá su ausencia a la Argentina en el futuro inmediato, en especial transcurriendo la última etapa del mandato de nuestra presidente Cristina Fernández. Pero mucho más difícil aún es valorar la huella que Néstor Carlos Kirchner dejó en esta larga lucha de los argentinos que es nuestra historia; sin embargo, intentaremos hacer las consideraciones que son posibles al menos por el momento.
En primer lugar, las comparaciones no sólo son odiosas sino que muchas veces carecen de criterio. ¿Vale la pena preguntarse si Néstor es igual o menos que Perón? Cada época se caracteriza por condiciones económicas, políticas, sociales y también culturales que son específicas e inciden de distintas maneras en lo realizado o no realizado por una figura política y el movimiento al que ésta representa. El contexto internacional también juega un papel importantísimo, al igual que las formas y vías de imponer su poder que toma la oposición al gobierno, que, no obstante, suele representar intereses comunes en distintas épocas. Las banderas levantadas, las reivindicaciones, incluso las características de las clases populares responden a procesos históricos específicos en cada época. Es por eso que comparar a Néstor con el General Perón es inútil. ¿Perón estatizó más empresas que Néstor? Cuando Perón llegó, el país contaba con una gran cantidad de reservas y un incipiente proceso de sustitución de importaciones puesto en marcha durante la década del 30'. Néstor agarró un "gobierno sin Estado", endeudado y sin recursos, con la industria nacional desmantelada en favor del modelo agroexportador y de la especulación financiera. De esa base podemos partir para entender qué pudo hacer y qué no cada uno. En el sentido inverso, recordemos que Perón impulsó un proyecto de integración latinoamericana, el ABC, que se frustró por obra y gracia de Estados Unidos. Néstor llegó a presidente de Unasur y lideró junto a otros patriotas de la región no sólo el proceso de integración más importante de la historia latinoamericana, sino el rechazo conjunto a la injerencia del imperio estadounidense en la región (ALCA y FMI). ¿Eso lo hace mejor a Néstor que a Perón? ¿O es al revés? Son distintas épocas, distintas oportunidades, distintos contextos, por lo tanto, distintos logros y fracasos.
Por otro lado, sí podemos hablar, con más certezas, de una línea histórica. Con esto nos referimos a una serie de líderes políticos que, a lo largo de la historia y en diferentes contextos, representaron ciertos intereses y sectores de la población en común. Hay una línea que comienza quizás ya con Lavalle y Rivadavia, sigue con los liberales-conservadores Mitre, Roca, los Martínez de Hoz, continúa con los represores Aramburu, Onganía, Videla, llega hasta el "peronista-neoliberal" Menem y pretende retomarse con Macri, Duhalde o De Narváez. 
La línea nacional y popular es con la que nos identificamos nosotros. La que defiende a las masas populares pero al mismo tiempo a los excluidos; la que defiende los intereses nacionales pero con una visión latinoamericanista. La que lucha por el progreso nacional pero no a costa de préstamos foráneos o protectorados imperiales. La que comienza con Moreno, el personaje incómodo de la Revolución de Mayo, y San Martín, aquel Libertador que soñaba con la Patria Grande. La que sigue con Dorrego, el caudillo federal fusilado por los intereses porteños. La que se ramifica en esa generación de caudillos federales que defendieron las autonomías provinciales ante el centralismo de los unitarios: Quiroga, Varela, Peñaloza. Y la que se ve representada, en los últimos 180 años, por cuatro grandes líderes.
El primero es Juan Manuel de Rosas. Estanciero y militar, combinación generalmente conservadora y muchas veces reivindicada por sectores reaccionarios, sin embargo gobernó mejorando notablemente las condiciones de vida de gauchos e indios, es decir, de los sectores populares en ese entonces aborrecidos y excluidos por la "civilización" porteña de Sarmiento y compañía. En una época en la que los dirigentes argentinos se consideraban orgullosos vasallos de Inglaterra, don Juan Manuel tuvo el atrevimiento de enfrentar de igual a igual nada menos que a Francia y a la mismísima Inglaterra cuando éstas intentaron ultrajar nuestra soberanía nacional, gloriosamente defendida en la Vuelta de Obligado. Los valores y tradiciones nacionales, el sentimiento federal de las provincias y nuestra herencia hispánica y católica fue reivindicada ante la soberbia de la elite de Buenos Aires y su admiración por todo aquello que venía de Estados Unidos o Inglaterra.
El segundo es Hipólito Yrigoyen. Revolucionario de fines del siglo XIX, cuando no dudaba junto a su tío Alem a la hora de tomar las armas en la célebre abstención revolucionaria de los primeros "radicales" que sí le hacían honor a su nombre. Yrigoyen, con su triunfo democrático, significó la llegada a la política de las masas, excluidas hasta entonces por el fraude, la corrupción y la sucesión arreglada, ese sistema construido y hegemonizado por personajes elitistas, represores y pro-imperialistas como Roca y Mitre. La neutralidad en la guerra, la creación de YPF, fueron señales de autonomía nacional; la Reforma Universitaria, una prueba de que el pueblo estaba llegando a ámbitos y participando en discusiones a las que nunca había tenido acceso.
El tercero es Juan Domingo Perón. Reconocimiento de los derechos sociales nunca antes conquistados por los trabajadores. Construcción del Estado benefactor más fuerte que la historia argentina recuerde: ferrocarriles, teléfonos, comercio exterior, petróleo, servicios públicos, Banco Central, todo en manos del Estado, es decir, al servicio del pueblo. Freno a la intromisión del imperio en decadencia, el inglés, y del ascendente, el yanqui. Participación plena de la población en la política al incorporar el derecho al voto femenino. Redistribución del ingreso. Vivienda, salud, educación, recreación, deporte, previsión social. Soberanía política, independencia económica y justicia social como nunca hubieron en Argentina, que ya era una Nueva Argentina.
El cuarto es, sin dudas, Néstor Kirchner. Luego de 55 años de retrocesos en todos los aspectos, de dictaduras represoras y democracias débiles, y en especial con la marca reciente dejada en la Nación por la Segunda Década Infame, esa larga noche del neoliberalismo y su consecuente estallido del 2001, Argentina recuperó la esperanza. Reivindicaciones tan antiguas y justas como poco escuchadas tuvieron respuestas: juicio a los genocidas, ley de matrimonio igualitario, democratización de los medios. Políticas de asistencia social de carácter fuertemente inclusivo como la Asignación Universal por Hijo, el programa de cooperativas Argentina Trabaja o la entrada al sistema jubilatorio de más de dos millones de ancianos sin aportes y por lo tanto, hasta entonces, sin protección social. Articulación del Estado no sólo con los representantes de los trabajadores, es decir los sindicatos, sino también con los de los desocupados, los movimientos sociales. Reestatización de las AFJP, de Aerolíneas, de Aguas Argentinas. Inversión histórica en educación, ciencia y tecnología. Desendeudamiento y apuesta a la integración regional a través de la Unasur y el Mercosur con países hermanos en pleno desarrollo de procesos populares como Venezuela, Bolivia y Brasil.
No sólo Néstor sigue la línea de Rosas, Yrigoyen y Perón. Como es lógico, sus bases populares también comparten una identidad. La "barbarie" de los gauchos federales de Rosas, la "chusma" de los radicales de Yrigoyen y el "aluvión zoológico" de los trabajadores de Perón tienen características diferentes pero un espíritu en común, el de un pueblo trabajador y sufrido harto de la dependencia y la desigualdad, que reencarna hoy en esos millones de trabajadores y humildes, de jóvenes, adultos y ancianos, de peronistas y socialistas que apoyan un nuevo proyecto nacional y popular. Ese modelo de país que es y será continuado por la quinta persona de esta línea, una tal Cristina Fernández de Kirchner.

Matías Sánchez . JP Evita La Matanza.

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