martes, 15 de junio de 2010

1 16 DE JUNIO DE 1955. LA PATRIA BOMBARDEADA.

16 de Junio de 1955. CUANDO LA OLIGARQUÍA BOMBARDEÓ AL PUEBLO.

Hablan de crispación y de confrontación oponiéndose a todo. Denuncian ataques a la libertad de prensa vendiendo mentiras. Afirman sin pudor que la asignación universal por hijo se derrocha en los casinos. Piden diálogo a gritos. No es una novedad. Ese visceral odio hacia las conquistas populares tiene su origen histórico y no logra ocultar el patriótico proyecto derechista de restaurar el régimen conservador instalado hace 55 años de la forma más cruel. A eso quieren volver: pero el pueblo no se dejará vencer otra vez por la oligarquía golpista y entreguista.
Los avances del gobierno popular justicialista habían despertado un odio visceral en distintos sectores de la sociedad, la política y la economía. Desde la izquierda marxista (históricamente a contramano del devenir histórico nacional), pasando por el radicalismo (que ya no era el de Yrigoyen, precisamente) y una clase media celosa del ascenso social de los obreros, hasta la derecha más reaccionaria representada en la Sociedad Rural y la Unión Industrial, todos tenían un enemigo en común: Perón y su aluvión zoológico.
Lamentablemente, este conglomerado de sectores antipopulares contaba con dos brazos que, en ese contexto histórico (y por lo menos hasta 1983) conformaban casi un partido político más. Por un lado, el brazo militar, nucleado en la Marina, fuerza ejecutora del golpe con la clara misión de "darles con todo", apoyada por figuras opositoras como Américo Ghioldi, líder del Partido Socialista, y Miguel Ángel Zavala Ortiz, dirigente radical. Por el otro, el poder religioso que legitimaba el golpe: la Iglesia Católica, enfrentada con Perón a raíz de la creación de la UES, la sanción de la ley de divorcio y la eliminación de la educación religiosa obligatoria y los privilegios del clero. La aversión de la oligarquía hacia esa chusma que se lavaba los pies en la fuente se manifestó en la procesión de Corpus Christi del 11 de junio, donde sacerdotes, militares de civil, radicales y sorprendentemente comunistas (ateos) se unieron por el espanto al tirano.
El odio gorila había nacido.
El 16 de junio de 1955 a las 12:40 del mediodía, los aviones de la Aeronáutica y la Marina (con la inscripción Cristo Vence en sus colas) arrojaron casi 30 bombas a la Casa Rosada y la Plaza de Mayo con el objetivo manifiesto de asesinar al Presidente Perón y acabar con sus soldados. Más de 300 muertos y 600 heridos entre militares leales al General, obreros y militantes peronistas y transeúntes, fue el saldo que dejó el intento magnicida. Sus ideólogos y ejecutores huyeron a Montevideo. Perón fue indulgente con ellos; sin embargo, meses después, ante una inminente guerra civil, debió renunciar y marchó al exilio, tomando el poder Aramburu y Rojas. Los días más felices para los argentinos terminaban y se iniciaba un triste peregrinar del pueblo a lo largo de cinco décadas gobernadas por el genocidio, la desigualdad y la dependencia, con sólo una fugaz primavera en el medio, la del 73', hasta llegar al regreso de las fuerzas populares al poder el 25 de mayo de 2003.
Por esas ironías que la Historia acostumbra ofrecer, resulta premonitorio recordar la visión de los hechos del contraalmirante Olivieri al contemplar aterrorizado el Ministerio de Marina asediado por simpatizantes peronistas: "Fuera, cientos de guerrilleros bien pertrechados y adiestrados buscaban protección en cuanto objeto encontraban y agazapados avanzaban cerrando el cerco. Era evidente que se trataba de gente desde hacía tiempo reclutada, adiestrada y pertrechada". Dieciocho años después, la figura máxima del infame golpe, Pedro Eugenio Aramburu, era sometido a la justicia popular por cinco guerrilleros que en poco tiempo se multiplicaron y bien entrenados y pertrechados, lucharon por la liberación y el regreso de Juan Perón.

Matías Sánchez. JP Evita. La Matanza.

“El 16 de junio la canalla cobarde mató demasiado, pero como siempre pasa con los débiles, mataron a quienes no correspondía. Dejaron vivo al perro y encendieron la rabia para siempre, y quizá por eso hubo un 1973, con retorno popular”. Juan Domingo Perón.


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